BUSH I, DE YALE A TEXAS

EVOLUCIÓN POLÍTICA DE GEORGE HERBERT WALKER BUSH Y SU ASCENSO AL PODER.

Nacido en 1924, George H. W. Bush tuvo todas las facilidades para destacar en el mundo de los negocios. Pertenecía a la típica casta aristocrática que tradicionalmente había dirigido el partido Republicano. Su ideología política en sus años de estudiante en Yale (donde se graduó en Economía con honores en 1947) está bastante difusa. Encontramos en ese momento a una persona interesada en hacerse un hueco en el mundo de los negocios, y por ello, poco después de su graduación se traslada con su esposa Barbara Pierce al estado de Texas para abrirse camino en el negocio petrolífero, ya que la demanda de crudo se había disparado enormemente después de la II Guerra Mundial. En cierta manera Bush era un emigrante proveniente de la costa Este, que tuvo la providencial suerte de vivir la pequeña revolución que se gestaba dentro de los republicanos, ya que tras la salida del poder de Eisenhower, los dirigentes del partido provendrían de la costa oeste, fundamentalmente de California y Florida. Esto le ayudó muchísimo, y su primer intento en materia política fue un asalto frustrado al Congreso en la década de los sesenta. Es en esta época cuando encontramos al partido Republicano más vulnerable, incapaz de poner en duda los planteamientos demócratas de Kennedy o Johnson, tanto a nivel político o económico como cultural. Pero con la ascensión de Richard Nixon a la nominación presidencial de los republicanos en la Convención Republicana de 1968 en Miami George Bush tendrá ya un referente político muy claro. Mi idea principal en este sentido es que Bush no tiene una hipoteca con ninguna corriente ideológica dentro del partido, y, por lo tanto, es la rápida adaptación de su agenda política a los intereses del político que mandaba en ese momento. Este ejemplo ya lo vimos en la época de Goldwater cuando Bush aspiraba a un escaño en el Senado a la par que se definía como un “hombre de Goldwater”. Pero mientras sus intereses hacia la obtención de un escaño en cualquiera de las dos cámaras federales fracasaban, con la llegada de Nixon su interés se centró en la consecución de algún privilegio a nivel federal. Otra idea que quiero resaltar es el eclecticismo de nuestro protagonista a la hora de tejer sus relaciones sociales y políticas, así era bien considerado por los petroleros de su estado de adopción, Texas, como por los miembros republicanos de la costa Este como Nelson Rockefeller, todo ello acompañado de una intensa vida de club donde se conocían hasta los últimas entresijos de la política nacional o estatal. A todo ello hay que sumar la pertenencia a la sociedad secreta Skull and Bones, derivada de su estancia en la universidad en Yale. La idea que pretendo demostrar es la facilidad con la que el futuro presidente creaba amistad con gente influyente, lo que unido a su ambición constituía una condición ideal para prosperar en la política.

Por fin en 1966 es elegido para el primero de sus dos mandatos en el Congreso, lo cual le supuso en espaldarazo tremendo para sus ambiciones presidenciales. Pero aún le quedaba dar el salto a un importante cargo federal, en este sentido lo adecuado era ser el acompañante de Nixon para la vicepresidencia en el ticket electoral de 1972. Tras su fracaso en este sentido, el presidente Nixon le ofreció el puesto de embajador estadounidense en Naciones Unidas, lo que en mi opinión le ayudó a tejer sus relaciones con los saudíes y demás empresarios del petróleo a nivel mundial. Esta es una constante en la vida política del futuro presidente, la creación, y posterior consolidación, de contactos que podrían cristalizar incluso a nivel económico, siempre en relación con el negocio del petróleo. Los demás cargos le sirvieron para consolidar esa trama de amistades y futuros apoyos, como el cargo de presidente nacional de la Junta Nacional Republicana o el de jefe de la delegación estadounidense en China, cargos que le hicieron aparecer a ojos de Nixon y Kissinger una persona abnegada y disciplinada. Todo esto nos revela otro concepto importante de Bush, la apariencia que pretende dar de fidelidad y abnegación ante los demás, por lo que no es extraño que ante la vida disoluta y desordenada de su hijo George W. Bush, estuviera intentando cambiar la actitud de su hijo ya que no le sería propicia para su carrera política, era algo que llegaría a convertirse en una obsesión, así como el complejo de superación que existió en nuestro protagonista hacia su padre Prescott, pero que también encontramos en su hijo George W. hacia él mismo. En mi opinión estos aspectos psicológicos no deben ser desdeñables en absoluto, ya que creo que presentan un aspecto obsesivo en la historia reciente de la familia. Todo este entramado emocional y afectivo entre los distintos miembros de la familia demostrarían la causa por la que George Bush estaba siempre tan dispuesto a bailar al son que más convenía en cada momento, sin importar su opinión personal en la mayoría de las ocasiones, así como su obsesión por las apariencias, sobre todo por su apego a la vida familiar y ordenada que intentaba llevar a cabo siempre. Por lo tanto una enorme cantidad de factores se entremezclan en la vida política de este hombre, un auténtico patricio norteamericano, que además, no lo olvidemos soportaba sobre sus hombros la pesada carga familiar del éxito económico de buena parte de sus antepasados. En mi opinión se ha exagerado habitualmente la ascendencia que la herencia religiosa presbiteriana ha ejercido sobre el futuro presidente. Si bien es cierto que el presbiterianismo, junto a otras corrientes protestantes, presta una gran atención hacia el éxito de una persona en vida, tanto en lo personal como en lo material, creo que son más bien las obsesiones de Bush hacia la superación de su padre, así como las ventajas que la política suponía para sus negocios petroleros lo que le obligaron a buscar el éxito político a cualquier precio.
Todos estos aspectos de la vida del protagonista nos llevan a pensar que fue él el que buscó al pensamiento neo con que se termina de reorganizar en la década de los setenta, tras el fracaso de las elecciones presidenciales de 1964. Bush se aprovechó del momento óptimo en el que se movía el contragolpe, ya que tuvo la inmensa fortuna de coincidir con él. Algunos detractores de su figura han añadido que la carrera política de Bush se benefició enormemente del momento de expansión por el que atravesaba el conservadurismo del sunbelt, y que consiguió trepar a pesar de su escasa capacidad política para atraer masas y cautivar al electorado. Hay algo cierto en ello, pero no debemos olvidar que ya apoyó a Goldwater en 1964 cuando éste no tenía una posición especialmente consolidada en el partido, que aún debía mirar de reojo hacia la costa Este y a Rockefeller especialmente, lo que suponía para Bush una situación de todo menos cómoda. Otro aspecto a rebatir es su escasa capacidad política para atraer a las masas, lo cual es cierto solo en parte, ya que en las primarias republicanas de 1980 se las arregló para poner en apuros a un consumado comunicador como Ronald Reagan, que tenía una imagen mucho más popular que él en todo el país.

El gran activo de Bush, junto con su ambición, eran los amigos y contactos de gran nivel. Éstos empezaron a entrar en juego en las primarias republicanas de 1980. Personas fundamentales en su posterior ascensión a la Casa Blanca como James Baker o Karl Rove diseñaron en este momento la estrategia política y electoral de Bush. Esa tarea de Rove como forjador de imagen de Bush ayudó a mitiga esa obsesión por la imagen proyectada hacia el exterior y consolidó la lección que Bush aprendió en sus fracasos electorales tejanos: el no conectar con el público por no emplear un lenguaje llano y dar una imagen aristocrática. Considero que esto es algo que el contragolpe ha venido utilizando, con bastante éxito electoral, desde las últimas décadas.
Pero para juzgar la obra de Bush es fundamental hacer un análisis de su política exterior. Encontramos a un Bush especialmente activo en su etapa de vicepresidente a la hora de tomar decisiones en la guerra Irán-Irak, cuando se hicieron especialmente patentes sus diferencias con el presidente Reagan. Posteriormente el candidato demócrata a la presidencia, Michael Dukakis, sacó a relucir la permisividad de Bush en el canje de armas con Irán para liberar a los rehenes a principios de los ochenta. Dos acontecimientos marcaron el devenir de Bush en política exterior: la guerra del golfo y los problemas en Centroamérica.
Cuando Irak invadió el reducido estado de Kuwait en 1990, la administración Bush empezó a hacer los preparativos para intervenir militarmente con el respaldo de las Naciones Unidas. Es importante decir que los neo con del momento se aseguraron a toda costa la legitimidad internacional para entrar en la defensa de Kuwait. Esta legitimidad de las Naciones Unidas ha sido vista por algunos politólogos como una especie de “multilateralismo controlado” por Estados Unidos, donde la opinión pública internacional se orienta en función de los intereses estadounidenses, bien mediante amenazas económicas, caso de países latinoamericanos, asiáticos o africanos, bien mediante una campaña mediática internacional que obligue de alguna manera a países tradicionalmente hostiles a estas intervenciones, como Francia o Alemania, a dar su brazo a torcer. Una vez más, y es algo que quiero dejar claro en este trabajo, la administración republicana de Bush vuelve a utilizar un mensaje muy sencillo, pero al mismo tiempo muy efectista para explicar a los ciudadanos esta intervención. Autores como Chomsky o Patterson no dudan en colocar detrás de esta estrategia a Karl Rove, persona de confianza de Bush que posteriormente heredaría su hijo en 2001. Se repite en esta ocasión la sencilla dicotomía entre el bien y el mal. Desde hace décadas los republicanos han sido plenamente conscientes de que una mayoría de estadounidenses, incluidos votantes potenciales de los demócratas de extracción media baja, los han considerado como una garantía a la hora de defender la seguridad nacional, muy por encima de sus adversarios demócratas. Esto es algo machaconamente repetitivo en las campañas presidenciales, unido a la defensa de los valores tradicionales que tanto cala en los estados menos desarrollados del Sur y del medio-Oeste.

MENSAJE A LOS ALIADOS

“Hace más de cinco meses, en las primeras horas de la mañana del dos de Agosto, fuerzas iraquíes comenzaron la invasión de Kuwait. Esta invasión no provocada fue algo más que un ataque a Kuwait, algo más que una brutal ocupación de una nación minúscula que no significaba ninguna amenaza hacia su gran y poderoso vecino. Aquel fué un asalto al principio más simple del derecho internacional.
Mi propósito al dirigirme a vosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, es compartir con vosotros mi punto de vista sobre los objetivos que deben guiarnos en los difíciles días que nos esperan. Desde el centro de la crisis en Oriente Medio, le digo a la gente y países de todos los continentes, a los millones de personas que están sufriendo esta tiranía que la agresión de Irak ha causado un sufrimiento indecible, apuros e incertidumbre.
En los más de cinco meses transcurridos desde el dos de Agosto, las tropas iraquíes han continuado con su sistemática campaña de terror hacia el pueblo de Kuwait, innombrables atrocidades contra hombres y mujeres, y, la mutilación y la muerte, incluidos niños inocentes. En los más de cinco meses desde el dos de Agosto, la acción de Irak ha impuesto tensiones económicas en todas las naciones, entre ellas algunas de las nuevas democracias que, en este preciso momento, son más vulnerables. Y ahora, no será pasada por alto.
Estamos entrando en el período más crítico de la crisis. Durante los pasados cinco meses, Saddam ha despreciado al mundo y a las normas de conducta civilizadas. En los siguientes días, Iraq llegará a la hora límite que significa el límite de la paciencia de la civilización mundial.
Permitirme ser muy claro sobre la próxima hora límite. El quince de Enero no es la fecha segura para el inicio del conflicto armado; es la hora límite para Saddam Hussein de elegir la paz sobre la guerra. El propósito de declarar esta fecha tope fue darle a Saddam un justo aviso: abandonar Kuwait, sin condición o retraso alguno o preparar una coalición dispuesta a trabajar para reforzar la postura de las Naciones Unidas.
Cada uno de nosotros, cada día de crisis, ha mantenido vivas las esperanzas para una solución pacífica. Ahora, con la fecha límite cerca, continuamos buscando una vía para finalizar la crisis sin un conflicto lejano. Así, el treinta de Noviembre, ofrecí que el secretario de estado Baker viajara a Bagdag a un encuentro con Saddam Hussein. Y esto es por lo que, incluso después de que Saddam rechazara responder y planificar esta cita en los siguientes quince días posteriores, invité al ministro de exteriores iraquí a un encuentro con el secretario Baker en Ginebra el nueve de Enero.
En Ginebra estábamos apoyados por el respaldo de la comunidad internacional, expresada en aquellas doce resoluciones de la ONU que mencioné hace un momento. No envié al secretario Baker a Ginebra a buscar un compromiso o hacer concesiones. Este encuentro ofrecía a Saddam Hussein una oportunidad, la última, antes de que las Naciones Unidas agotaran el tiempo para resolver pacíficamente la crisis creada por él.
(…)
He empezado diciendo que el ataque de Irak fue más que un ataque a una nación, es un ataque a todos nosotros, donde gobierna el orden internacional. Los que estábamos viviendo el año pasado los últimos momentos de la guerra fría, viendo un cambio muy positivo, ahora nos encontramos con un momento crítico, que dará forma al mundo en que vivimos durante años, incluso décadas.
La clave ahora que nos encontramos con este desafío es, para esta coalición, permanecer firmes y fuertes. Si permanecemos en estos momentos delante de las Naciones Unidas contra la agresión, volveremos nuestras acciones no solo contra un dictador ambicioso; sino que caminaremos resueltamente, como compañeros, hacia un mundo en paz.
Gracias, y que Dios os bendiga a todos.”

Este mensaje fue grabado el seis de Enero de 1991 en Camp David, y fue difundido a mediodía del ocho de Enero por la Agencia de Información de Estados Unidos por vía satélite. En su mensaje, el presidente Bush mencionó al presidente Saddam Hussein, al ministro de asuntos exteriores de Irak Tariq Aziz y al secretario de Estado James A. Baker III. No se ha podido disponer de la cinta original para poder verificar el contenido de este mensaje.
Con este mensaje del presidente Bush podemos constatar las ideas que antes he defendido en este trabajo. La idea de la lucha contra el mal como eje central de la política exterior republicana, algo que ya encontramos en los dos mandatos presidenciales de Reagan en los ochenta y su confrontación con la Unión Soviética. Uno de los puntos que pretendo demostrar en este trabajo es que el partido Republicano supo explotar esta rivalidad internacional que además, le sirvió para llegar al poder al desacreditar la política exterior de Carter.

Es una idea fundamental para entender el ascenso del contragolpe al poder en los ochenta, la presunta debilidad demócrata a la hora de gestionar los conflictos internacionales, algo que arranca con la crisis de Cuba que tuvo que afrontar Kennedy. Goldwater no supo rentabilizar electoralmente ese conflicto, pero la crisis de Irán y del Canal de Panamá sirvió para que Reagan y Bush se auparan a la Casa Blanca. Además tenemos una idea fundamental a estudiar, ya que siempre ha habido una estrecha relación entre los gobiernos republicanos y los contratos multimillonarios de armamento militar, donde hay enormes intereses económicos en juego. La guerra de Irak estaría en ese sentido al justificar un aumento de los presupuestos militares aprobados en el Congreso. La lucha contra el terrorismo también reforzaría esa posición de gasto militar. Es curioso que una vez acabada la Guerra Fría el gobierno norteamericano se apresure a iniciar otro conflicto militar en Irak, y el discurso anterior es un buen ejemplo de cómo Bush siempre tuvo el máximo interés en ello, y no dudó en utilizar toda su maquinaria diplomática. Por lo tanto encontramos una relación evidente entre la política y los intereses económicos de una especie de casta económica. Esto siempre fué una constante en las administraciones estadounidenses desde la guerra de Vietnam, y en nuestros días aún encontramos estos rasgos.

Quizás, ahora más que nunca, resuenan en nuestra mente las palabras del discurso de despedida del presidente Dwight Eisenhower (republicano) en enero de 1961 “…nos hemos visto obligados a crear una industria permanente de armamento a gran escala…su influencia tanto económica como política, y hasta espiritual, se deja sentir en cada ciudad, cada parlamento, cada oficina federal. Debemos estar atentos a todo tipo de influencia injustificada, sea solicitada o no por parte del complejo militar-industrial. Nunca debemos permitir que el peso de este conjunto ponga en peligro nuestras libertades ni nuestro proceso democrático.”

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